Víctor M. Díez en la exposición ‘El poeta que no cesa’,
en la sala del Ayuntamiento de León, en San Marcelo.

©César Andrés/Ayuntamiento de León.

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PINCELADAS

Cantar en León

16.05.2010

Por LUPE GÓMEZ
en Galicia Hoxe

Podería viaxar a León en camión, en tren ou en avión, pero a min gústame o ambiente dos autobuses e por iso, prefiro coller o Alsa e pasar seis horas na viaxe. É a mellor fórmula para sentirme “eterna” mentres viaxo por Castela. Na parada da Coruña sobe ao autobús un señor duns 80 anos e senta comigo. É falador, encantador. Pregúntame: “Ti fumas?”. Dígolle que nunca fumei. El dime: “Pois non aprendas”. Tamén me di: “Espero que acabes pronto os estudos e que despois atopes un bo marido.” Cando este señor tan elegante baixa na parada de Becerreá, despídese educadamente de min e dáme a man. Sinto que teño un novo amigo no mundo de Lugo.

Na estación de autobuses de León espérame Pipicalzaslargas, con pelo vermello e ollos risoños. Chámase Eloísa Otero, é a organizadora da homenaxe a Miguel Hernández, na que eu vou participar e cantar.

O hotel no que me aloxo podería ser un bo lugar para gravar unha película, porque resulta moi luxoso, moi tranquilo, moi agradable. Cando chego ao concello para recitar, vexo que aparece Antonio Gamoneda, o poeta das palabras precisas, terribles e belísimas. Doulle dous bicos e el dime: “Hai cadeiras para todos”. Ten razón. Hai cadeiras para os poetas, para os políticos, para os profesores universitarios, para os periodistas, para as amas de casa, para os amigos das palabras. A intervención de Gamoneda, que está sentado ao meu carón, resulta esplendorosa. Ese momento é dunha fondura tan grande para min que se me enchen os ollos de bágoas de cristal.

Despois de Evelia Fernández, Josep Pérez i Tomás e Laura Giordani, chega a miña quenda de recitar. Despois dos nervios, da felicidade e da emoción, eu sinto unha seguridade moi grande, un desexo de falar e cantar. Falo de Fisteus e Compostela, de manchas de humidade e xornalismo, de pobreza, cárceres e frío. Recitando poemas de Miguel Hernández desfruto moitísimo. Cantando cancións de Fisteus fago un traxe de terra para todos os leoneses que me escoitan. Para rematar a miña intervención leo o “Poema dos Caneiros” de Novoneyra. Sinto a calor dos aplausos.

Un mozo, moi contento, achégase a min para apuntar un poema meu no seu móbil e para dicirme que se sentiu identificado comigo cando falei das vacas, pois os seus pais son gandeiros. Eu pensaba que as vacas eran unha exclusiva de Galicia, pero descubro que en León tamén hai vacas. Eu pensaba que só había moitos poetas en Galicia, pero en León hai poetas con sentido do humor e cunha filosofía particular. Gamoneda escríbeme nun libro seu esta fermosa dedicatoria: “Gracias, poeta, por acercarte a mí.”

Fame e amor

Pola noite imos todos ao teatro ver un espectáculo músico-poético- teatral coordinado por Víctor M. Díez e con dirección escénica de Fernando Urdiales. A fame e o amor son amigos dende sempre, para sempre. El poeta que no cesa é unha obra que contaxia un precioso sentimento de intensidade, un raro dramatismo, unha descarga de enerxía poética. Música, danza e teatro dialogan e entrelázanse para destacar a luminosidade escura dos poemas de Miguel Hernández. O amor é moi alto. A fame é máis pequeniña e cruel. O amor baila con vestido branco. A fame ofrece a flor do loito. A fame é popular, fea. O amor é contemporáneo, multidisciplinar.

Miramos este espectáculo no instituto Juan del Enzina. Unha muller chora ao final da representación e dime: “Si yo te contara mi vida…”. Despídome de Gamoneda e el dime: “Nos volveremos a ver, el planeta es pequeño”. Despídome dos meus amigos leoneses, valencianos, salmantinos…

Non choro porque eu sei que os volverei ver a todos nalgunha festa.

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LO QUE PASA

(CON MIGUEL HERNÁNDEZ)
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Por ANTONIO MÉNDEZ RUBIO

No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

M. H.

La poesía debería ser anónima, y de hecho lo es. Explicar esta convicción puede que sea más arduo que comprenderla. Se podría empezar por dos versos de Miguel Hernández, extraídos de un poema temprano, no recogido en ninguno de sus libros, y que la crítica consideraría dentro de la “zona no deseada” de su obra debido a su probable carácter primerizo, tentativo, precario. Ocurre, sin embargo, que esa precariedad tiene que ver con la poética de Hernández de una forma singular, imprescindible a mi entender. Me estoy refiriendo a los dos octosílabos finales del romance “No sé el nombre…”. Ya el encabezamiento del poema señala un eje en el sentido de la poesía, de la poética como práctica y como forma de vida: estar por fin en condición de no saber el nombre de las cosas, de no sentir las palabras como un instrumento de identificación, de significantes portadores de un significado seguro, sino, al revés, de ver en las palabras lo que las hace ser una brújula para el desconocimiento, para el descubrimiento, para hacer preguntas, para hacernos y deshacernos en esa incansable tarea. ¿A qué otra cosa, si no, damos el nombre de poesía?

En concreto, esos dos versos últimos dicen: “la tela… y veo que es un / encanto más la anonimia”. En efecto, hay ahí dos cuestiones muy obvias. La primera es, desde luego, la relación entre el anonimato y la dimensión popular de la poesía hernandiana, que no ocupa un lugar absoluto ni total en esa escritura, pero sí es una dimensión insustituible de esta poesía. En este sentido, la anonimia que el poeta reivindica como encanto, es decir, donde el canto, en el lugar innombrable o indecible del canto, tiene que ver intensamente con aquella dedicatoria a Vicente Aleixandre en Viento del pueblo: “a nosotros, que hemos nacido poetas entre todos los hombres, nos ha hecho poetas la vida junto a todos los hombres”. Como en el dicho de Lautréamont a propósito de que la poesía debe ser hecha por todos, se da aquí una apuesta por la disolución de la figura del poeta en la fuerza y la fragilidad de lo social, de la vida en común, esa tierra de nadie. Ese desierto hoy.

La segunda apreciación, más textual que contextual, y que podría considerarse con razón evidente, es que estos dos versos resultan, por decir así, impropios desde el punto de vista del canon melódico y rítmico. El encabalgamiento parece un intento desesperado por salvar una frase imprecisa, difuminada en extremo (“y veo que es un…”), mientras la línea última (“… encanto más la anonimia”), tomada en su relativa autonomía, puede causar un efecto de perplejidad, de énfasis en el desconcierto, incluso de insignificancia, que, de tal vez no tan inesperada, confirma el motivo recurrente del poema: no sabemos los nombres, no sabemos.

Hasta aquí, es preciso insistir, lo obvio. Es obvio que no sabemos. En la lucha por la igualdad y por la libertad, sin ir más lejos, está cada vez más claro: no sabemos o no podemos o no queremos saber (lo que pasa).

Pero entonces nos quedan las preguntas, al menos una pregunta: ¿quién habla entonces cuando los nombres no se saben, cuando las palabras no se asocian con las cosas del mundo? ¿qué queda cuando no se sabe? ¿de qué vivimos, en una palabra? Una entrada posible, en cuanto al lugar social del poeta, la apuntaba Witold Gombrowicz: “los poetas”, ante ese desconcierto creciente en nuestra historia personal y colectiva, “siguen agarrándose febrilmente a una autoridad que no tienen y embriagándose a sí mismos con la ilusión del poder”. Autoridad y autoría, que no desposesión, que no anonimia. Para Gombrowicz, los poetas parecerían seguir festejando sus particulares “orgías de la presunción”, aunque no se ve con nitidez la propuesta “esencial” de Gombrowicz cuando, como salida, ofrece la necesidad de “expresarse uno mismo”. Puesto que ¿cuál es el sí-mismo de un espacio (o espaciamiento) de anonimato? Es como si saliéramos del fuego (de la autoridad del autor) para meternos en la sartén (del mismo sujeto que dice a su sujeción mientras escribe o lee el poema).

No es ésta, creo, la vía esbozada y también recorrida por Miguel Hernández. Lo pongo en otras palabras: ni la autoridad del autor, ni siquiera el poder de un sujeto de fondo (sujeto a lo que dice). Es cierto que esta segunda vía es un lugar común en la forma moderna, idealista, que un romanticismo de superficie ha convertido en lugar privilegiado para la interpretación de la poesía, de cualquier poesía. Y es asimismo verdad que la recepción literaria de la poesía de Miguel Hernández, inevitable y trágicamente marcada por los acontecimientos históricos, ha tendido a reforzar la relevancia de la figura pública del autor. Este refuerzo de la figura del poeta se viene haciendo, por lo general, en nombre de una toma de conciencia, de un gesto de memoria, sobre los conflictos políticos y sociales de nuestro tiempo, sobre y desde los límites de nuestro mundo real.

Uno no es quien para discutir la necesidad de esta memoria, de esta conciencia, que es la memoria y la conciencia de los vencidos, de los desaparecidos. Pero es justamente este no-ser-quien lo que impulsaría a avanzar por una senda tan improbable como intempestiva, por una senda también desaparecida. Porque ocurre que, leyendo la poesía hernandiana, la insistencia es una insistencia no tanto en la conciencia, o en la memoria, como en la intemperie del cuerpo. Muy especialmente es así en su Cancionero y romancero de ausencias, de 1941. En los poemas de la cárcel, una vez y otra vez, el cuerpo aparece y desaparece como límite del canto, y como canto o borde abismal de un límite emergente, ineludible, imprescindible. “Cuerpo sobre cuerpo”… “cuerpos y cuerpos”… “libertades de mi alma / desfilando por mi cuerpo / sólo por amor”… es como si el cuerpo coincidiera con el sitio y el momento del silencio, de la falta, de la falta de nombres, de la ceguera, de la desaparición como posibilidad imposible de una poesía que no renuncia a su raíz social sino que remueve esa raíz común, que ha llevado la vivencia de lo personal y lo social, de lo propio y lo impropio, desde la temática y la conciencia hasta la materia y los fluidos del cuerpo, cada vez más quebradizo, del poema. Parece que lo oigamos como un último ruego: “Asómate a mi cuerpo”…

El texto con que termina el libro datado en la prisión de Ocaña, en mayo de 1941, termina a su vez de esta forma: “Cuerpo: pozo cerrado / a quien la sed y el sol han calcinado”. Asomarse a ese pozo, a ese agujero de temblor. Tal como se ha recibido el legado de Miguel Hernández, no se puede estar seguro de que la sociedad esté preparada para eso. La recepción de esta escritura parece inclinarse más y mejor hacia la reconstrucción de una identidad mítica que hacia el vértigo que, para cualquiera de nosotros, supone una ausencia radicalmente corporal. Mientras la sociedad, y muy especialmente la sociedad literaria, se dedica por lo general a recubrir el rostro de Miguel Hernández con un aura de verdad y “conciencia social”, su poesía, por momentos, parece estar invitando a asomarnos al cuerpo como reto poético y político. Cuerpo y conciencia no se excluyen, pero tampoco se complementan como si tal cosa. Por un lado, la conciencia no puede hacerse cargo de los riesgos que el cuerpo como cuerpo implica. Por otro, el cuerpo ofrece su materia como materia de resistencia a la congelación del mito. Decía R. Barthes que el mito, por lo que tiene de inmovilista, es estadísticamente de derechas. Quizá por eso, al convertir a Miguel Hernández en mito, se rodea su figura de una superficie lisa y brillante, como de hielo, que funciona a modo de atractiva pista de patinaje para quienes hoy serían sus carceleros.

María Zambrano, que tan cerca estuvo de Miguel Hernández, escribió  ya en 1937, en su ensayo “Los intelectuales en el drama de España” que “vivir un acontecimiento en función mitificante es negarlo como verdad viviente”. Apenas unas líneas más tarde, explica cómo el drama de España no conduce a un despertar de la conciencia, sino de la inocencia, puesto que la conciencia sale no reforzada sino rebasada, cuestionada, al verse atravesada por esos acontecimientos históricos. Por eso, según Zambrano, “el despertar de la inocencia produce de inmediato la absoluta entrega”, mientras que la conciencia, desbordada, “deja entonces de discernir como hace de continuo”. En esa limitación o fragilidad de la conciencia, en ese cese del pensamiento idealizador es el propio pensamiento crítico lo que “brota entonces de más hondo y de más claro”. Por la misma razón, en fin, podría pensarse que recurrir a la conciencia, o más aún a la “función mitificante”, para comprender el sentido vivo en la poesía de Miguel Hernández, puede estar siendo una coartada no deliberada, o no asumida, para aplazar lo que en esta poesía hay de “más hondo y más claro”.

En efecto, como sabemos, atender la conciencia y desatender el cuerpo, o al revés, es sólo una manera de arriesgarnos a perderlo todo. A perder más aún. Aunque es cierto, por otra parte, que Hernández lo dejó escrito: “Si no se pierde todo no se ha perdido nada”. Por eso mismo, como ya señalara Antonin Artaud en su polémico ensayo “A plena oscuridad” (1927), ninguna realidad (o contrarrealidad) se justifica por el simple hecho de la conciencia que de ella se tenga. O, más crudamente, como declaraba aquel personaje de Georg Büchner en La muerte de Danton (1835): “La conciencia es un espejo delante del cual un mono hace piruetas”. Así que, por eso mismo, la toma de conciencia sobre el significado de Miguel Hernández, de su poesía, de su nombre, seguirá siendo incompleta, insuficiente, mientras nuestros cuerpos no hagan un esfuerzo renovado de atención, de disponibilidad, por asumir hasta qué punto esta poesía desemboca en una exposición al peligro, en un pulso también y ante todo corporal, no en una apropiación sino en una donación anónima, sin nombre conocido. En un regalo que, ojalá, no nos sorprenda desprevenidos.

ANTONIO MÉNDEZ RUBIO.
Texto leído el 8 de mayo de 2010 en León,
en las jornadas de Homenaje a MIGUEL HERNÁNDEZ ‘El poeta que no cesa


“La cárcel de la belleza”
,

por LUPE GÓMEZ

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Un día, una antología de Miguel Hernández llegó a mis manos. Era un libro de segunda mano, un regalo del viento. En sus páginas viejas descubrí a un hermoso poeta que me hablaba como si no fuese poeta, con la humildad del pueblo y la  belleza de las cárceles. A veces he sentido mi cuerpo lleno de paredes, como si fuese una casa vieja o una cárcel de Amor.

En el techo hay una gran mancha de humedad que me mira todos los días y me dice que soy muy pobre. Tengo una vecina maravillosa en mi aldea de Fisteus. Se llama Lola, tiene 72 años y flores en los ojos. Ella me habla de su pasado. Me cuenta que cuando era una niña no tenía ropa para ir a la fiesta, y desde la ventana de su  casa miraba a las otras niñas que se divertían -y ella no podía divertirse-. Lola canta preciosas canciones de amor y tierra. “Rapaza se vas ao río a lavar, non torzala roupa, que a podes rachar.” !Es tan triste, y tan alegre, el agua de los ríos! Siempre tuve, al mismo tiempo, ganas de escribir y llorar.

Miguel Hernández tenía un corazón bueno. Sus poemas son como cajas de galletas, y yo voy abriendo esas cajas con ilusión. Me estremezco con sus pasiones, sus tristezas, sus sueños. Casi siento que escucho su voz, y es una voz que surge de repente en los cristales de la noche. Tengo ganas de conocer a mi admiradísimo poeta Antonio Gamoneda. Quiero ir a León en un tren muy lento, muy viejo. Yo también creo que “la poesía no es literatura”. El aliento poético nace en el columpio de las personas que nos quisieron y nos hicieron vivir. La poesía nace en los ojos rotos de las vacas, y en el brillo azul del Sol.

Nunca debemos, ni podemos, olvidar nuestros orígenes. Vengo de un padre que tenía un corazón tan grande como una biblioteca. Vengo de una madre que se enamoró  de la belleza de la luna. Casi no sabían escribir, pero con su oscuridad y su claridad, alimentaron todas mis ansias de vivir y morir. Hay cárceles submarinas, subterráneas. La vida puede ser una cárcel en la que hay terribles manchas de humedad, y sólo sintiendo Amor podemos curarnos, renacer en la niebla, escuchar las canciones que vienen del cansado espíritu.

Miguel Hernández lloraba y cantaba en los rincones de su cárcel. Mi vecina Lola también canta esta canción: “O amor da costureira era papel e mollouse. Agora costureiriña, o teu amor acabouse.” En la sombra luminosa del río, las palabras suenan de otra forma. Es como si el lenguaje estuviese cargado de sí mismo, encarcelado, vivo y muerto. Alguien dijo que “los poetas populares deberían estar en la boca del pueblo.” Pienso que Rosalía de Castro también tenía en su cuerpo una hermosísima cárcel. Ella siempre fue una mujer incomprendida, incomprensible, poderosa, fuerte. Las puertas de su poesía son de madera y cristal. Se abren y se cierran. Ella se esconde en sí misma. Ella grita, en voz bajita, cuando la oscuridad de los montes se vuelve más oscura.

Un país puede ser una cárcel. Unas ideas políticas pueden encarcelarnos. Tenemos nuestra propia opinión y no aceptamos las otras opiniones. Las guerras suceden entre cárceles. Luchamos unos contra otros, porque no sabemos entendernos, razonar, hablar. En Galicia hay cárceles absurdas. Los idiomas no son cárceles. Para mí los idiomas son fuentes de agua muy clara con las que podemos jugar y ser libres. Siempre hablé gallego pero me gusta inspirarme -y jugar- en castellano, inglés, portugués…Creo que la libertad no puede medirse como si fuese una cárcel. La libertad es la ventana más hermosa. A través de ella podemos ver paisajes de lluvia, flores y nieve.

Cuando nieva me acuerdo del poeta Uxío Novoneyra, que ya está muerto pero camina sobre la nieve con su amigo Miguel Hernández. !Están muertos pero están tan vivos! Son horizontes de justicia, bondad, calma. Lola también le canta esta canción viva al río: “As de Rianxo gastan refaixo cando se van a bañar. E logo as da Coruña non lle teñen medo ao mar.” La escritura nace de un sentimiento de soledad necesaria, enigmática. Yo, cuando era niña, pasaba las tardes cuidando a las vacas, y ahora rememoro esas experiencias cuando practico yoga. Era un silencio muy fértil porque yo, aunque era pobre, siempre tuve bolígrafos y cuadernos para escribir, imaginar, volar sobre las cárceles.

Vivimos tiempos de pobreza y crisis económica. Hay quien dice que merecemos quedarnos sin nada porque no supimos administrar la riqueza que teníamos. Cuando te quedas sin trabajo, tienes la sensación de que es un fracaso. Lloras, te mareas y crees que la vida se acaba. Trabajo como periodista y este invierno llovió tanto en Compostela que la lluvia entró en mi casa creando una mancha de humedad que me hace daño cuando la miro. Quizás es porque recuerdo mi infancia en una casa de piedra fría, oscura. Llovía dentro de casa tanto como fuera. Hacía un frío enorme. En aquel frío yo estudiaba y escribía incansablemente. No sabía porqué me esforzaba tanto, y sigo sin saberlo. ¿La escritura es innecesaria? ¿El arte es inútil? Siempre tuve cuadernos y bolígrafos. Tuve maestros y maestras. Tuve, y tengo, muchísimos amigos y amigas. Creo que la amistad es un pájaro que sabe volar sobre la muerte de las cosas. Todos quisiéramos tener como “amigo” a Miguel Hernández. Caminar con él sobre la nieve y sobre el fracaso de la belleza.

Cuando recuperamos a un amigo perdido, tenemos la sensación de que agarramos un río con las manos. A veces un desamor nos hace mucho daño, pero cuando sabemos perdonar, olvidar lo malo y recordar lo bueno, nos sentimos reconfortados. Nos duele la vida, pero seguimos buscando y rebuscando entre la ropa nueva y vieja de “un armario lleno de sombra”.

Texto leído el 7 de mayo de 2010 en León,
en las Jornadas ‘El poeta que no cesa’,
dentro del Homenaje a Miguel Hernández.


Poetas, músicos y actores
recordarán a Miguel Hernández
el 7 y 8 de mayo

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Gamoneda abrirá en León
las jornadas ‘El poeta que no cesa’


Charlas y lecturas protagonizadas por poetas, el estreno de un espectáculo poético-musical y un taller de poesía visual son los actos centrales de las jornadas ‘El poeta que no cesa’, dedicadas a recordar la obra viva del poeta Miguel Hernández y rendir homenaje a su memoria en el 100 aniversario de su nacimiento.

El homenaje fue presentado este jueves por la concejala de Cultura, Evelia Fernández, y los coordinadores de las jornadas, Eloísa Otero y Víctor M. Díez. ‘El poeta que no cesa’ se celebrará los días 7 y 8 de mayo.

Antonio Gamoneda,  junto con dos jóvenes poetas, la gallega Lupe Gómez y la argentina Laura Giordani, abrirá las jornadas el 7 de mayo en el Salón de los Reyes del Consistorio de San Marcelo, a las 20 horas. Con ellos estará también el vicerrector de la Universidad Miguel Hernández de Elche, Josep Pérez i Tomás, que ofrecerá una pequeña charla.

Eloísa Otero destacó que Gamoneda “es un poeta que tiene muchas cosas en común con Miguel Hernández”. “Ambos dejaron la escuela a los 14 años, y continuaron estudiando y leyendo por su cuenta, motivados por su amor al saber, y fueron forjándose como poetas de manera absolutamente autodidacta. Ambos conocieron también muy de cerca la censura”.

El sábado 8 de mayo se celebrará un taller de poesía visual a cargo de Tomás Salvador González, miembro de la revista El Signo del Gorrión y autor de un buen número de obras de poesía visual. Será de 10 a 12 horas en el contexto de la exposición que estos días se puede ver en el Consistorio de San Marcelo, y todavía hay plazas libres para inscribirse y participar. A continuación intervendrán cuatro poetas, dos de Castilla y León, José Luis Puerto y Tomás Sánchez Santiago, y dos afincados en Levante, Antonio Méndez Rubio y Víktor Gómez Ferrer.

Coordinado por Víctor M. Díez, el espectáculo poético-musical aúna músicos, actores, bailarines y poetas en una novedosa puesta en escena sobre la trayectoria vital del poeta de Orihuela, en que se entrelazan vida y poemas muy poco conocidos. Participarán los actores Fernando Urdiales (director de Teatro Corsario) y Víctor M. Díez, los músicos Ildefonso Rodríguez, Chefa Alonso, Cova Villegas y Javier Iriso, y la bailarina Rosario Granell. Será el 8 de mayo, a las 21 horas, en el salón de actos del IES Juan del Enzina.

El poeta Marcos Ana no podrá acudir a León en esas fechas, pero ha enviado la obra de teatro que escribió en la cárcel, y que fue representada por los presos, como homenaje a Miguel Hernández, en 1960. Víctor M. Díez ha utilizado algunas partes de la obra para el espectáculo.

El homenaje está organizado por la Concejalía de Cultura en colaboración con la Dirección General del Libro del Ministerio de Cultura y la Universidad Miguel Hernández de Elche. Se ha abierto un blog con toda la información: https://elpoetaquenocesa.wordpress.com.

La noticia en El Mundo
La noticia en La Crónica
La noticia en Leonoticias
La noticia en Diario de León
La noticia en León 7 días
y en el Centro del Libro de León

1ª  Jornada. Viernes. 7 de mayo.

20.00 horas.
Inauguración: Antonio Gamoneda, Lupe Gómez y Laura Giordani (poetas), Josep Pérez i Tomàs (Universidad Miguel Hernández de Elche) y Evelia Fernández (Concejala de Cultura).
Presenta: Eloísa Otero.

Lugar: Ayuntamiento de León. Salón de los Reyes. Plaza de San Marcelo.

2ª  Jornada Sábado 8 de mayo

10:00 -12.00 horas:
Taller de Poesía Visual, en el marco de la Exposición de Miguel Hernández, a cargo de Tomás Salvador González.

Lugar: Ayuntamiento de León. Plaza de San Marcelo. Sala de Exposiciones.

12:15 horas:
Ponentes: Tomás Sánchez Santiago, José Luis Puerto, Víctor Gómez Ferrer y Antonio Méndez Rubio.
Modera: Eloísa Otero.

Lugar: Ayuntamiento de León. Salón de los Reyes. Plaza de San Marcelo.

21:00 horas.
Espectáculo músico-poético ‘El poeta que no cesa’.

Cova Villegas (voz)
Chefa Alonso (percusión menuda, saxo soprano)
Ildefonso Rodríguez (saxos y clarinetes)
Javier Iriso (electrónica)
Fernando Urdiales (poemas)
Víctor M. Díez (poemas)
Rosario Granell (danza)

[Con la colaboración del poeta Marcos Ana]

Lugar: IES Juan Del Enzina. Avda. Ramón y Cajal 2.  Salón de Actos.

TALLER DE POESÍA VISUAL con TOMÁS SALVADOR

El día 8 de mayo, sábado, de 10 a 12 de la mañana, se celebrará un TALLER DE POESÍA VISUAL, en el marco del Homenaje a Miguel Hernández y en el contexto de la exposición EL POETA QUE NO CESA.

El Taller será impartido por el poeta TOMÁS SALVADOR GONZÁLEZ (en la imagen).

Podrán participar 20 personas.

INSCRIPCIONES:
Antes del 30 de abril, a través del correo electrónico: cultura.jjrr@aytoleon.com especificando nombre, apellidos, edad, teléfono de contacto y e-mail.

La exposición, cedida por la Universidad Miguel Hernández de Elche, en colaboración con la Fundación Cultural Miguel Hernández, permanecerá en la Sala de Exposiciones del Consistorio de San Marcelo hasta el 15 de mayo.

Horario de visitas:
De lunes a viernes, mañanas de 12:00 a 14:00, tardes de 18:00 a 21:00 (excepto sábado 15 de mayo, que permanecerá abierta con el mismo horario).

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Noticia de la exposición en EL MUNDO DE LÉON 20 DE ABRIL 2010

Noticia de la Exposición-Homenaje a Miguel Hernández en León

Publicada en EL MUNDO DE LEÓN EL 20 DE ABRIL DE 2010. PÁGINA 12.

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Miguel Hernández, el poeta que no cesa

Una muestra de poesía visual abre en León
los actos de homenaje al escritor de Orihuela

G. ARENAS / León

«Queremos rastrear el alma de Miguel Hernández, su compromiso ético, político y social, y también reivindicar su memoria histórica desde el respeto, desde la admiración y desde el amor, sobre todo en estos tiempos que corren en los que hablar de memoria histórica y de los valores y las ideas por los que luchó Miguel Hernández y tantos otros parece que son atacadas por la derecha más reaccionaria de este país, y por eso, más que nunca desde la Concejalía de Cultura apostamos por este homenaje».

Con estas palabras la concejala de Cultura, Evelia Fernández, inauguró ayer la exposición ‘Miguel Hernández, el poeta que no cesa’, con la que se abren en León los actos de homenaje al escritor de Orihuela en el centenario de su nacimiento, coordinados por los poetas leoneses Víctor M. Díez y Eloísa Otero, y que proseguirán en el mes de mayo.

Unas 120 obras de más de 70 artistas y poetas integran esta exposición, que se divide en tres partes:  ‘Miguel Hernández, poeta. Muestra de poesía visual’,  ‘Miguel Hernández, poeta. Raíces y esperanzas’ y una colección de pequeños vídeo-poemas, titulada: ‘Miguel Hernández poeta, la poesía en acción’. La muestra ha sido cedida por la Universidad Miguel Hernández de Elche, en colaboración con la Fundación Cultural que lleva el nombre del poeta.

Entre los autores que muestran su obra, con el objetivo común de acariciar la figura de Miguel Hernández, figuran nombres como los de Carmen Peralto, Ricardo Ugarte, José-Miguel Ullán, el leonés Gustavo Vega, Silvia Viana, Francisco Aliseda, Rafael Marín, Julia Otxoa…

El poeta Víctor M. Díez apuntó ayer que «León, como tierra de poetas, no podía evitar sumarse al homenaje a uno de los más auténticos que ha habido. Para todo poeta, alguien como Miguel Hernández es un  ejemplo de compromiso ético y político con la libertad. Es la prueba  viviente de que ante la intransigencia y el fundamentalismo, la palabra poética pesa y libera».

«A Miguel Hernández lo ‘murieron’ por el delito de haber escrito en la perspectiva de lo que para él era la libertad para el pueblo. Uno debería preguntarse a sí mismo y muy seriamente si moriría por sus ideas, por sus escritos…», añadió Díez.

La muestra se podrá visitar  hasta el 15 de mayo, de lunes a viernes: de 12 a 14 horas y de 18 a 21 horas (excepto el sábado, 15 de mayo, que permanecerá abierta con el mismo horario).

La concejala Evelia Fernández encuadró todos los actos con los que el Ayuntamiento de León quiere homenajear a Miguel Hernández en las acciones para la candidatura de ‘León, ciudad literaria’ de la Unesco.

Actos y actividades en León

>Taller de poesía visual. El 8 de mayo, sábado, de  10 a 12 de la mañana, se celebrará un Taller de Poesía Visual, en el contexto de la exposición inaugurada ayer, a cargo del poeta Tomás Salvador. Podrán participar 20 personas, que deberán inscribirse antes del 30 de abril, en el correo electrónico: cultura.jjrr@aytoleon.com, especificando nombre, apellidos, edad, teléfono y mail de contacto.

>Jornadas poéticas en mayo. El homenaje del Ayuntamiento de León a Miguel Hernández continuará los días 7 y 8 de mayo, con intervenciones de destacados poetas españoles y un espectáculo poético-musical.

>Lectura continuada el 22 de abril. En el Centro Cívico del Crucero se desarrollará a lo largo de toda la jornada del día 22 una lectura continuada de la obra del poeta de Orihuela.

>Concierto de Joan Manuel Serrat. El 15 de mayo, Joan Manuel Serrat presentará su disco-homenaje en el León Arena.


[Boceto del cartel de Murciego]

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EL POETA QUE NO CESA

Homenaje a Miguel Hernández (1910-1942)

LEÓN – 7 Y 8 DE MAYO – 2010